lunes, 1 de julio de 2013

Pero, ¿que pasa con las energías renovables?



 (Por Alfonso Ribote en boletin 118 de Ekologistak Martxan)

Los primeros Planes de fomento de las EERR datan del año 2000 y tenían como objetivo llegar al 12% renovable en energía primaria para 2010, equivalente al 30% de electricidad renovable. Como las EERR eran más caras que las tradicionales, se fomentaban mediante un sistema de primas a la producción de electricidad (no son subvenciones) que hacían atractiva la inversión al ayudar a amortizarlas. Estas ayudas, que se mantenían durante 25 años, se justificaban ya que las EERR aportan claras ventajas como la ausencia de contaminación en la producción de energía, ser autóctonas en recursos (sol y viento) y componentes, reducir la dependencia energética, ser una alternativa a los limitados combustibles fósiles, y ser una herramienta de lucha contra el cambio climático. Con el continuo desarrollo de las EERR, el coste de estas instalaciones bajaba, por lo que era obligado revisar y reducir las primas establecidas.

Estos planes de fomento establecían unos mínimos de potencia a conseguir, pero no limitaban su techo, lo que unido a una reducción de costes y a la torpeza del Gobierno del PSOE para revisar y ajustar las primas, la solar fotovoltaica (FV) se desbocara y casi llegase a los 3.400 Mw FV en 2008, cuando el objetivo eran 400 Mw para 2010. La alta rentabilidad atrajo a inversores internacionales que generalizaron las huertas solares, sumándose a los ya miles de propietarios de pequeñas instalaciones. La deficiente gestión del Gobierno con la FV permitió que se instalase más, cuando más caro se pagaba el Kwh FV, lo que es ahora un lastre económico y el principal argumento de los enemigos de las EERR. Opuesto fue el caso de la biomasa, que debido a una raquítica prima se quedó muy lejos de sus objetivos, mientras la eólica tuvo un crecimiento ordenado.


La burbuja de los ciclos combinados
Paralelamente al desarrollo de las EERR, en la pasada década se instalaron decenas de centrales de ciclo combinado que quemaban gas natural, hasta alcanzar una potencia total de 27.000 Mw. Con un crecimiento anual del consumo de electricidad del 4% (algo manifiestamente insostenible), las grandes eléctricas apostaron fuerte por esta tecnología para seguir dominando el sector, como hicieran con la nuclear en los años 70.
Los planes comenzaron a torcerse con el comienzo de la crisis. Lo que antes era un mercado de producción eléctrico en crecimiento, la bajada del consumo por la crisis evidenció que había demasiada potencia eléctrica instalada y no había mercado para todos, por lo que empezaron los codazos y las enemistades entre distintas tecnologías.


El complejo funcionamiento del sistema eléctrico
El enrevesado sistema de normas en la gestión de la electricidad beneficia descaradamente a las grandes eléctricas agrupadas en UNESA (Iberdrola, Endesa, Gas Natural, Eón, e Hidrocantábrico). En el precio final de la electricidad que pagamos los consumidores hay dos partes, la componente del mercado (el precio de la electricidad), y la componente regulada (que decide el Gobierno), donde están los costes del transporte, distribución, compensaciones, primas, etc..
El importe de la componente del mercado se realiza mediante la subasta diaria del mercado mayorista de electricidad, donde se casa horariamente la demanda con la producción. La primera central que entra (vende su electricidad) es la que oferta su electricidad más barata, y así sucesivamente hasta que se iguala la producción total con la demanda estimada. El precio más caro necesario cierra la subasta, y ese precio se paga a todos los productores, independientemente de a qué precio hayan ofertado (excepto las EERR que se atienen a su prima). Las nucleares ofertan a precio cero, al no ser gestionables por su dificultad para encender y apagar. Las EERR ofertan también a precio cero, al no ser gestionables por no poderse almacenar (y por cobrar prima). Las centrales térmicas (carbón o gas natural) son las que suelen alcanzar la demanda estimada con precios in crescendo, al tener que repercutir el coste del combustible que queman y ser más fáciles de encender y apagar. La gran hidráulica oferta a precio cero, pero al ser gestionable desembalsa cuando prevea un mayor precio de la electricidad.
Este perverso sistema de establecimiento de precios permite cobrar el precio más caro a las centrales que producen más barato, y que las nucleares y gran hidráulica obtenga los llamados beneficios caídos del cielo (la nuclear produce a 20€/Mwh y la hidráulica produce a 10€/Mwh, y ambas cobran a una media de 50€/Mwh). A veces ocurre que la nuclear, la hidráulica, y la eólica se basten en cubrir la demanda, quedándose las centrales térmicas sin poder vender su electricidad y cerrando el precio en la subasta a 0€/Mwh, por lo que las nucleares y la hidráulica no ven recompensada su producción. Esta ausencia de “hueco térmico” repercute en la amortización de los ciclos combinados, que fueron instalados para funcionar 8.000 horas/año, necesitan 3.500 horas/año para su rentabilidad, y en la realidad trabajan una media de 2.000 horas/año.


Ataques a las EERR
La entrada masiva de las EERR en el sistema eléctrico perjudica a las grandes eléctricas por triplicado: bajan el precio mayorista de la electricidad, desplazan a sus ciclos combinados que apenas funcionan, y amenazan su oligopolio al repartir el mercado entre más productores de electricidad. A pesar de que las grandes eléctricas también han apostado parcialmente por las EERR (sobretodo Iberdrola por la eólica), no han cesado de criticarlas. Las grandes eléctricas, conscientes que no todas las tecnologías caben el sistema, prefieren parar las EERR (por estar repartidas entre más propietarios), y dar prioridad de funcionamiento a los ciclos combinados (de su exclusiva propiedad). Las presiones de UNESA al Gobierno para que eliminase las primas a las EERR y aplicase medidas retroactivas para reducir sus beneficios y así hundir al sector renovable están teniendo buena acogida en el Gobierno del PP.
El argumento principal de los ataques a las EERR es que son caras e incrementan el déficit de tarifa, algo repetido hasta la saciedad por los medios de comunicación afines a las grandes eléctricas. Esta crítica fácil ha sido desmontada por el sector renovable al demostrarse que la rebaja del precio de la electricidad en el mercado mayorista por la entrada de EERR es superior al coste de las primas que perciben. Además, las EERR podrían instalares en la actualidad sin ayudas al haber reducido su coste considerablemente, por lo que resulta absurdo paralizar esta tecnología ahora que es barata.


El timo del déficit de tarifa
El déficit de tarifa se comenzó a originar en el año 2000, cuando el Gobierno del PP congeló el precio de la electricidad para contener la inflación, iniciándose una deuda con las grandes eléctricas que ahora se mide en miles de millones. Tratan de convencernos de que el precio que pagamos los consumidores por la electricidad no cubre sus costes, lo que es mentira: si cubre los costes, lo que no cubre son los precios, ya que estamos pagando muy cara una electricidad que sale barata a las grandes eléctricas. Con este fraude se está realizando una transferencia de rentas de la sociedad hacia las grandes eléctricas, que se están forrando mientras aumenta el precio de la luz, y además les debemos dinero.
El déficit de tarifa se podría solucionar modificando el establecimiento de precios de la electricidad y otorgando un beneficio razonable a cada tecnología, o eliminado los beneficios caídos del cielo de las nucleares y la gran hidráulica, pero el Gobierno evita retirar estos privilegios a las grande eléctricas. No es de extrañar que tantos ex cargos políticos se retiren en las grandes eléctricas, ya que desde el Gobierno legislaron a su favor.


¿Para cuándo el autoconsumo con balance neto?
Otra consecuencia de las presiones de UNESA es el retraso en la aprobación de la ley de autoconsumo con balance neto, que permitiría reducir la factura eléctrica a quienes se instalen EERR en su vivienda. El autoconsumo en tiempo real es legal, pero el pequeño productor pierde dinero si no hace coincidir su consumo con su producción de EERR. Con el balance neto, la resta entre producido y consumido se haría anualmente, y -en el caso de una instalación solar FV- el excedente de producción de un verano soleado compensaría a un invierno nublado, lo que reduciría la factura a la mitad. Con el autoconsumo los pequeños productores no ganan dinero (a diferencia de las primas de la solar FV conectada a red), pero pagan mucho menos en su factura, algo que no gusta a las grandes eléctricas que verían una reducción de sus ingresos.
A pesar que no se haya gestionado del todo bien, las EERR siguen siendo la piedra angular de un cambio de modelo energético. Su rápido crecimiento ha incomodado a las grandes eléctricas, al suponer una amenaza a sus tradicionales centrales. UNESA pretende amortizar como pueda sus erradas inversiones en ciclos combinados, así como alargar la vida de sus nucleares a más no poder, todo ello para no reducir beneficios ni cuota de poder, y por ahora lo está consiguiendo. El oligopolio eléctrico ha secuestrado el futuro renovable, y parece ser que -si no hacemos nada para evitarlo- las EERR crecerán cuando a las grandes eléctricas les convenga, aparcando la lucha contra el cambio climático y renunciando al compromiso de obtener con renovables el 20% de energía primaria para 2020.
Los consumidores que reclamamos el cierre de las nucleares y el fin del uso de combustibles fósiles tenemos el deber de intentar instalar EERR en nuestras viviendas o centros de trabajo, o como mínimo cambiarnos de comercializadora de electricidad (si es una gran eléctrica) por otra que solo venda electricidad 100% renovable, como Gesternova, o aún mejor por cooperativas de energía como Som Energía, Goiner, Zencer. Debemos dejar se der espectadores de estos abusos y tomar parte activa en el cambio de modelo energético.