jueves, 21 de marzo de 2013

El Tormes, un río secuestrado por Iberdrola en su tramo bajo

Prensa de La Almendra
(José M. Rus)

(de Diagonal, Carlos Bravo Valle, Asociación Ecologista Centaurea)

Expolio: el caudal del río se seca debido a la explotación abusiva de la empresa eléctrica

Desde hace 42 años la multinacional Iberdrola explota el bajo Tormes sin dejar el caudal que exige la normativa y convierte este río caudaloso en un arroyo.



El tramo bajo del río Tormes, comprendido entre la presa de Almendra y su desembocadura en el Duero, ha dejado de ser un río y se ha convertido en un arroyo en pleno proceso de terrestrificación, es decir, se está configurando un ecosistema terrestre en el lecho de lo que antes era un ecosistema acuático lleno de vida y con una gran dinámica.

Ese tramo del río permanece secuestrado desde hace 42 años, tras la construcción del embalse de Almen­dra en 1970 por Iberdrola, la empresa propietaria de ese embalse (y de medio Duero). Iberdrola detrae todo el caudal del Tormes, dejando prácticamente secos los últimos 17 kilómetros de uno de los ríos más escénicos de la cuenca. El tramo en cuestión está encañonado en un espectacular arribe, que forma parte de los Arribes del Duero.
Sin el mínimo caudal

Vulnerando la normativa, esta detracción de caudal se lleva a cabo sin respetar el mínimo caudal ecológico, ya que el hilillo de agua que se les escapa de la presa y cae en el bajo Tormes –raramente llega a los 400 litros por segundo– no puede tener tal consideración en ningún caso. El caudal del Tormes supera los 1.400 millones de metros cúbicos al año de aportación media al Duero, es decir, más de 42 m3/s. En su tramo bajo, todo esto desaparece.

No hay otro río en España con tal grado de impacto hidrológico, algo que se puede medir relacionando las aportaciones del régimen actual con el natural, lo que nos da un coeficiente de 1:120, es decir, por el bajo Tormes circula menos de un 1% de caudal del que debería circular. Ni siquiera el Eume en el embalse de A Capela de Endesa, otro de los destacados secuestros de ríos en España, alcanza tal grado de impacto hidrológico. Esta impunidad ha sido posible ya que se lleva a cabo en una tierra de frontera, alejada de núcleos urbanos importantes. El tramo internacional del Duero, en el que desemboca el Tormes, es una sucesión de embalses de titularidad privada, en manos de las compañías eléctricas Iberdrola y la portuguesa EDP.
Un río moribundo

La situación del bajo Tormes es sobradamente conocida por la administración hidráulica y, a propuesta de la Confederación Hidro­grá­fica del Duero (CHD), se incluyó este tramo dentro de las actuaciones de la Estrategia Nacional de Restauración de Ríos, elaborada por el Ministerio de Medio Ambiente en la época de Cristina Narbona. La esencia de la actuación consistía en recuperar un caudal mínimo que pudiera tener la consideración de caudal ecológico, caudal que Iberdrola tiene la obligación legal de soltar, y que contribuyese a recuperar ese tramo de río.

Tras varios intentos y negociaciones, se llegó a un acuerdo con Iberdrola: se redotaría el tramo de un régimen de caudales mínimos acordes con la concesión administrativa vigente, que otorga a Iberdrola el derecho a explotar el embalse, y con los caudales ecológicos que establece el Plan Hidrológico del Duero. La aportación global anual desde el embalse alcanzaría los 70 hectómetros cúbicos (Hm3) que se sumarían a la aportación intermedia propia del tramo. De esta forma se multiplicarían por un factor superior a siete los caudales que actualmente circulan por el mismo, producto de la suma de lo que se les ‘escapa’ y la aportación natural del mismo, suma que alcanza unos 10 Hm3 anuales. A cambio, Iberdrola podría turbinar este caudal ecológico en una minicentral al pie de la presa de Almendra, con lo que sus ‘pérdidas’ económicas no serían tan altas, ya que renunciarían sólo a la mitad del salto, es decir, 200 metros frente a los 400 que tiene el de Villarino, donde se derivan para turbinar y convertir en
energía eléctrica las caudalosas aguas del Tormes, que acaban transferidas al embalse de Aldeadávila, en el río Duero.
Un giro en los acuerdos

La cosa iba bien hasta que se ha producido el relevo de los responsables de la Confederación Hidrográfica del Duero, con el presidente José Valín a la cabeza, desde el año pasado. De la noche a la mañana la situación ha cambiado y, tras haberse producido una especie de pacto verbal con Iberdrola, se ha aplazado sine die el compromiso de liberar al tramo de un caudal mínimo, lo que supondría acabar con las expectativas de llevar a cabo una recuperación ecológica, aunque sea mínima, del bajo Tormes.

Tanto Iberdrola por acción como los responsables de la Confederación Hidrográfica del Duero (CHD) por omisión de sus obligaciones para ejercer la policía de aguas son responsables del incumplimiento de la concesión vigente, que obliga al titular del derecho, Iberdrola, a cumplir con un caudal ecológico de al menos el caudal medio del estiaje del Tormes que, según los modelos hidrológicos que consideremos, podría llegar a triplicar la cifra de los 70 Hm3 que establece el Plan Hidrológico del Duero. Ante la pasividad de las autoridades, la Asociación Centaurea y otros grupos ecologistas, de pescadores y ciudadanos han dirigido escritos a la CHD y al Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente para solicitar que se den los pasos administrativos necesarios para acabar con la impunidad de Iberdrola.
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