Ayer visitaron las obras de la central eólica de Labraza el
consejero de Industria del Gobierno Vasco, Mikel Jauregi, y el CEO de
Iberdrola Renovables. Se trata de las mismas obras donde, el pasado
mes de mayo, cinco personas defensoras del territorio se encadenaron
para denunciar el saqueo y la destrucción que supone este proyecto.
Vestido de traje y con una sonrisa ante las cámaras, el consejero se mostró completamente ajeno a la voluntad del Concejo de Labraza, que desde el inicio ha rechazado este proyecto. Su presencia simboliza la entrega forzada de unos bienes comunales a los intereses de la gran oligarquía económica estatal representada por las empresas del Ibex 35. El patrimonio natural deja de pertenecer a la comunidad para convertirse en un activo financiero, una fuente de beneficios para inversores y accionistas. Se abren así nuevos nichos de negocio sobre un capital natural que hasta ahora permanecía al margen de la lógica especulativa.
El caso de la central eólica de Labraza constituye un ejemplo que debería suscitar la atención de cualquier auditoría legislativa verdaderamente independiente. Son numerosas las irregularidades que han acompañado la tramitación y ejecución de este proyecto.
Basten tres ejemplos. El primero, la ocupación de terrenos concejiles sin contar con la autorización del propio concejo para intervenir sobre ellos. El segundo, el inicio de las obras de la plataforma logística en un espacio protegido durante el periodo de nidificación de una especie catalogada en peligro de extinción, hecho que determinó la suspensión cautelar de las obras. El tercero, la expropiación promovida por el Gobierno Vasco sobre terrenos comunales de monte pertenecientes al Concejo de Labraza, vulnerando el espíritu de la legislación forestal, que establece que «los montes del dominio público forestal son inalienables, imprescriptibles e inembargables y no están sujetos a tributo alguno que grave su titularidad».
En la práctica, esto significa que el propio Gobierno Vasco está facilitando el despojo de bienes comunales para ponerlos al servicio de una empresa energética cuya finalidad es generar rentabilidad para sus accionistas. A este tipo de operaciones se las denomina colaboración público-privada.
Nos tememos que lo ocurrido en Labraza no será un caso aislado. Todo apunta a que este será el modelo habitual de implantación de la denominada transición verde en nuestro territorio. Tampoco resulta casual que la empresa promotora de este primer proyecto, Aixeindar, esté participada tanto por el Gobierno Vasco como por Iberdrola. Es una declaración de intenciones que anuncia la estrecha alianza entre la administración pública y los grandes operadores energéticos para impulsar este modelo de desarrollo.
Mientras tanto, el marco normativo se ha ido modificando para facilitar estos proyectos y adaptar la legislación a las necesidades del mercado. La consecuencia es que asistimos, en tiempo real, a la victoria de una lógica tecnológica y financiera sobre la naturaleza, del beneficio económico sobre las bases materiales que sostienen la vida y de una concepción extractivista del territorio sobre los ciclos ecológicos de los que depende nuestra propia existencia.
Pero, sobre todo, estamos presenciando la imposición de un modelo centralizado, privatizador y de carácter colonial sobre una forma histórica de organización territorial que ha demostrado durante siglos su capacidad para gestionar colectivamente los recursos naturales: el comunal. Un sistema basado en la propiedad colectiva y en el aprovechamiento compartido de los bienes naturales, precisamente porque limita su apropiación privada y garantiza su conservación para las generaciones futuras.
Y este proceso no se limita a Labraza.
Desde Arabako Mendiak Aske advertimos de que ha llegado el momento de hacer frente al despojo territorial, a la destrucción de la naturaleza y a la privatización de los bienes comunes. Es el momento de defender aquello que sostiene nuestra vida colectiva y de reivindicar el valor del comunal como patrimonio de todos.
Porque las batallas solo se pierden cuando se abandonan.
Arabako Mendia Aske
31/07/26

