jueves, 7 de agosto de 2014

Las exigencias del CSN a Garoña son una muestra de su mal estado




El Pleno del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) ha decidido hoy, por mayoría de cuatro votos a uno, darle otra oportunidad a Nuclenor para la central de Garoña. Para Ecologistas en Acción se trata de una decisión insensata, como demuestra la gran cantidad de requisitos exigidos por el CSN que ponen de manifiesto el lamentable estado en que se encuentra la central. Nuclenor tiene hasta el 30 de septiembre y deberá realizar los cambios necesarios si quiere continuar la operación.



El Pleno del CSN ha emitido una Inspección Técnica Complementaria (ITC) en referencia a la posible continuidad de Garoña (Burgos) que, en sí misma, muestra el despropósito que supone mantener en funcionamiento la central. En una nota de prensa el CSN reconoce el gran número de modificaciones de profundo calado que deberá acometer Nuclenor para introducir de nuevo el combustible nuclear en la vasija de Garoña y conectarla a la red eléctrica.

A la vista de todas estas modificaciones, es ilógico empeñarse en mantener Garoña en funcionamiento y lo más sensato sería proceder al cierre definitivo. Los cambios necesarios van a representar un gasto de unos 150 millones de euros y no garantizan, sin embargo, que no vuelvan a aparecer nuevos problemas en la central que supongan más gastos, aconsejen su cierre, o que den lugar a un accidente con daños al medio ambiente.

El CSN pide en la ITC que se realicen las reparaciones que se derivan de las inspecciones de 2009 (lo que incluye el cambio de cientos de metros de cableado, el aislamiento de la sala de control la mejora del tratamiento de gases de la contención y el problema endémico del sistema de protección contra incendios); exige la introducción de los cambios derivados de las pruebas de resistencia post-Fuskushima; pregunta por el estado de los procedimientos de operación tras año y medio de parada; demanda la inspección de la vasija por si tuviera los mismos problemas que la de la central belga de Döel 3, lo que conduciría al cierre de la central, de las penetraciones inferiores, de las soldaduras del barrilete, … La ITCE pone de manifiesto un extenso catálogo de problemas que hacen razonable plantearse el cierre definitivo.

Nuclenor solicitó permiso de explotación por 17 años, hasta el 2031, lo que llegaría a la cifra simbólica de 60 años de vida. Esto también resulta irregular y el CSN debería haber dejado claro que no va a otorgar un permiso tan largo, cunado hasta la fecha otorgaba permisos de explotación de 10 años y, además, la Comisión Europea está preparando una directiva de seguridad en que obligará a hacer revisiones cada 6 años.

A las incertidumbres técnicas hay que añadir las incertidumbres de tipo político. Si el proceso de evaluación de Garoña a cargo del CSN no se cierra antes de las próximas elecciones generales, es posible que cambie el Gobierno y que el próximo Ministro de Industria decrete el cierre definitivo de la central, con lo que se habrían perdido todas las inversiones realizadas. De esta forma Nuclenor tendría un elemento de presión económico sobre el nuevo gobierno.

La central de Garoña es perfectamente innecesaria puesto que nada más que con medidas de ahorro se podría prescindir de su aportación y, en todo caso, hay potencia eléctrica instalada suficiente para sustituirla. Tampoco peligrarían los opuestos de trabajo porque empezaría ahora un largo proceso de desmantelamiento que garantizaría el empleo en la zona, y todavía se seguirían aportando a los pueblos cercanos los fondos de ENRESA, que deberían emplearse para levantar proyectos alternativos de economía en la comarca.